lunes, 1 de noviembre de 2010

Comentario de un fragmento de República-VII

Platón, República, Libro VII 511c-511d (Versión de Conrado Eggers Lan)
Comprendo, aunque no suficientemente, ya que creo que tienes en mente una tarea enorme: quieres distinguir lo que de lo real e inteligible es estudiado por la ciencia dialéctica, estableciendo que es más claro que lo estudiado por las llamadas `artes’, para las cuales los supuestos son principios. Y los que los estudian se ven forzados a estudiarlos por medio del pensamiento discursivo, aunque no por los sentidos. Pero a raíz de no hacer el examen avanzando hacia un principio sino a partir de supuestos, te parece que no poseen inteligencia acerca de ellos, aunque sean inteligibles junto a un principio. Y creo que llamas `pensamiento discursivo' al estado mental de los geómetras y similares, pero no `inteligencia'; como si el `pensamiento discursivo' fuera algo intermedio entre la opinión y la inteligencia.






C  o m  e  n  t  a  r  i  o
Una vez situado el texto en su marco histórico hemos procedido a subrayar algunos de los términos que entendemos puedan tener un mayor interés en tanto que expresen con una mayor claridad algunas de las ideas más propias de la doctrina platónica. En este caso, y dada la naturaleza gnoseológica del texto, serán aquellos términos que nos permitan referirnos con más seguridad a algunos de los elementos más característicos de esta teoría platónica sobre el conocimiento (no podría ser de otra forma ya que en un texto tan corto difícilmente podríamos encontrar términos desde los que pudiéramos reflexionar hacia la totalidad de la doctrina del conocimiento en Platón, que es, por lo demás, una doctrina bastante compleja).

Creemos que estos términos bien que podrían ser los de ‘inteligible’, ‘ciencia de la dialéctica’ (muy cercano al anterior en el texto y en la doctrina platónica), y el término ‘pensamiento discursivo’. Este último, ‘pensamiento discursivo’, aparece tres veces, mientras que el término ‘inteligible’, en tanto que directamente relacionable con el término ‘inteligencia’ (es inteligible aquello de lo que se puede tener inteligencia) aparece cuatro. Creemos que resulta interesante señalar que estos términos son referidos como tales, es decir, como términos en una ocasión y en una misma frase en la que se distingue uno del otro. Concretamente en aquella en la que Platón escribe “ creo que llamas `pensamiento discursivo' al estado mental de los geómetras y similares, pero no `inteligencia' ”. Esto justificaría esas comillas sencillas que aparecen en el texto por decisión del traductor. En todo caso resulta interesante observar cómo en esa frase en la que aparecen estos dos términos lo que pretende el autor es separar o distinguir ese ‘pensamiento discursivo’ del hecho de la inteligencia considerado de una manera más general. Esto no ha de entenderse como un intento de oponerlos el uno al otro; si acaso de distinguirlos, ya que el ‘pensamiento discursivo’ en la doctrina platónica no agota al conocimiento posible o la ‘inteligencia’ que pueda tenerse de la realidad, sino que es solamente una fase del mismo: una fase en la que lo formal (lo eidético) comienza a destacar. Creemos que cuando Platón escribe que el ‘pensamiento discursivo’ es referible “al estado mental de los geómetras y similares” lo que está intentando es dejar  más claro con este ejemplo el carácter formal (eidético) que tiene esta fase del conocimiento. En otra frase anterior vemos también bastante clara la intención de distinguir este ‘pensamiento discursivo’ de otras fases anteriores (e inferiores en cuanto a su alcance) del conocimiento. Nos referimos a la frase en la que a propósito de los principios (no a los ‘supuestos’ que sólo son principios para las llamadas ‘artes’) escribe Platón que “los que los estudian se ven forzados a estudiarlos por medio del pensamiento discursivo, aunque no por los sentidos”. Así pues ese pensamiento discursivo será el inicio de esa fase epistémica, más rigurosa y fidedigna del saber, que dejará atrás esos otros momentos de creencias infundadas (eikasía) o de conjeturas sólo probables (pistis), para adentrarnos en las fases superiores del conocimiento, aquellas que nos dirigen hacia la verdad: la dianoia (el pensamiento discursivo) y, finalmente y como horizonte la noesis o contemplación de la eide.

A pesar de su cortedad este texto es muy denso y rico en matices. Apenas si tenemos ya tiempo para referirnos a ese otro término que hemos significado como especialmente interesante en relación con la gnoseología platónica: el de la ‘ciencia de la dialéctica’. Ya habíamos apuntado la relación que existe entre los contenidos de los términos ‘inteligible’-‘inteligencia’ y el término ‘ciencia de la dialéctica’. La explicación de esta relación no la podemos encontrar explícitamente en el texto, pero sí en la doctrina de Platón en su vertiente gnoseológica: es dialéctico cualquier momento en el que se produce un avance hacia el conocimiento, teniendo estos momentos algo de negación (lo que se supera, aquello a lo que la inteligencia no se resigna: los falsos supuestos) y algo de afirmación (lo que se afirma, aunque solamente sea como meta: el conocimiento de la verdad desde el acercamiento a los principios sobre los que ésta se afirma).

Ese carácter dialéctico está impregnando todo el texto que estamos comentando, ya que la idea más destacable del mismo, en nuestra opinión, es que el conocimiento es un proceso; que en este proceso el acercamiento a los principios es la meta por excelencia; y que “distinguir lo que de real e inteligible” tienen las cosas que se constituyen como objetos de nuestro conocimiento es la meta por excelencia para nuestra facultad de razonar.

Para concluir nuestro análisis diremos que, a pesar de su cortedad, están presentes en él una corta pero importante serie de propuestas de orden gnoseológico. A saber: que la ciencia de la dialéctica está interesada por hacer inteligibles las realidades que, en un primer momento, puedan no parecerlo (puedan no parecer ‘inteligibles’); que en este progreso de la razón hacia la inteligilidad juega un papel muy destacado ese ‘pensamiento discursivo’, esa dianoia; y que todo esto implica un proceso de alejamiento de las opiniones y, tal vez, de los principios establecidos en fases anteriores de este progreso (la fase sensible) y un acercamiento a la dimensión eidética de la realidad, la más cercana a la verdad.